Declaration

Posted on June 12, 2008

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Today the Philippine nation celebrates its 110th year anniversary of the declaration of independence from Spain. It is ironic and a disappointment that today is a working holiday. True to her “holiday economics,” President Arroyo again moved the non-working holiday to a more convenient date. This is to encourage the so-called domestic tourism. Well, how can you expect people to travel for pleasure if they hardly can afford to buy rice?

The Macapagals seem to have this penchant for moving historical dates. GMA’s father, former President Diosdado Macapagal, was the one who moved Philippine independence day celebration from July 4 to June 12. Aside from agrarian reforms, it was his other lasting legacy to the Filipino people. Unlike President Gloria’s “holiday economics,” her father’s initiative revived the pride of Filipinos. Historically speaking, July 4 independence day was merely granted by the Americans while June 12 independence day was the result of the blood and toil of our ancestors who overthrown their former Spanish masters during the Philippine Revolution.

Flag-raising and wreath-laying rites were held in various parts of the country. Most notable of these was the balcony reenactment at the Aguinaldo Mansion in Cavite. (By the way, the said balcony was not there in 1898. It was only added in 1923.) Although not as poetic as the American Declaration of Independence, the words that were shouted from that window 110 years ago were more than mere rhetorical protest. It was a declaration that led to the severing of the 333-year-old umbilical cord that connected the Philippines to Mother Spain. This declaration, along with other symbols of nationhood, heralded the birth of the Philippines as a nation.

Here is the original Spanish text of the Philippine Declaration of Independence:

Acta de la Proclamación de la Independencia del Pueblo Filipino

En el pueblo de Cavite Viejo comprensión de esta provincia de Cavite, a doce de junio de mil ochocientos noventa y ocho: ante mí Don Ambrosio Rianzares Bautista, Auditor de guerra, Delegado especial nombrado para proclamar y solemnizar este acto por el Gobierno Dictatorial de estas Islas Filipinas, al efecto y en virtud de la circular que dirigió el Egregio Dictador de ellas Don Emilio Aguinaldo Fami, congregados los infranscristos entre Jefes de su Ejército y representantes de los otros de ellos que no han podido concurrir y vecinos notables de varios pueblos de las mismas, teniendo en cuenta que cansados ya sus habitantes de sobrellevar el ominoso yugo de la dominación española por las aprehensiones arbitrarias y malos tratos que hacía la Guardia Civil hasta causar la muerte por condescendencia, y hasta expresa disposición de sus Jefes que llegaban a veces a ordenar el fusilamiento de los aprehendidos bajo el pretexto de que intentaban fugarse en contravención de lo que se dispone en los Reglamentos de su Instituto cuyos abusos se dejaban impunes y por las deportaciones injustas especialmente las decretadas por el General Blanco de personas ilustradas y de cierta posición social a moción del Arzobispo y frailes interesados en mantenerles en el obscurantismo por sus miras egoístas y codiciosas, deportaciones que se llevan a cabo desde luego mediante un procedimiento más execrable que el de la Inquisición y que rechaza toda nación civilizada por resolverse sin audiencia de los que a él están sometidos, determiaron hacer un movimiento insurreccional en Agosto de mil ochocientos noventa y seis, a recobrar la independencia y soberanía de que les privó España por medio del adelantado Miguel López de Legazpi que continuando el rumbo seguido por su predecesor Hernando de Magallanes, que arribó a las playas de Cebu y ocupó esta Isla por medio de pacto de amistad que celebró con su Rey Tupas, aunque fue muerto en el combate habido en dichas playas a que le provocó el Rey Kalipulako de Manktan, receloso de sus malas intenciones, desembarcó en la Isla de Bohol haciendo también el célebre pacto de sangre de amistad con su Rey Sikatuna para después de tomar por fuerza a Cebu, porque el sucesor Tupas no le consintió ocuparlo, venir a la capital de Manila como así hizo, granjeando igualmente la amistad de sus Reyes Soliman y La Kandela y tomando después posesión de ella por todo el Archipiélago para España, en virtud de las órdenes del Rey Felipe II que dados estos precedentes históricos porque en derecho internacional no es reconocida la prescripción establecida por las Leyes para legitimar hasta la adquisición viciosa de bienes de particulares, no se puede poner en duda la legitimidad de tal movimiento que calmó y no del todo sofocó la pacificación propuesta por Don Pedro A. Paterno con Don Emilio Aguinaldo como presidente del Gobierno Republicano constituído en Biaknabato y aceptado por el Gobernador General Don Fernando Primo de Rivera bajo condiciones que se establecieron unas escritas y otras verbales, entre ellas, las amnistía general para todos los emigrados y condenados: que por incumplimiento de alguna que otra de estas condiciones después de la destrucción de la Escuadra Española por la Norteamericana y bombardeo de la plaza de Cavite, volvió Don Emilio Aguinaldo para iniciar una nueva revolución, y apenas que dio la voz para efectuarse el treinta y uno del mes próximo pasado, algunos pueblos se anticiparon a moverse, y el veintiocho entre Imus y Cavite Viejo fue copada y tuvo que rendirse una fuerza española de ciento setenta y ocho al mando de un Comandante de Infantería de Marina, propagándose este movimiento como chispa eléctrica en los otros pueblos, así de esta misma provincia como de los de Bataan, Pampanga, Batangas, Bulacan, Laguna y Morong, algunos con puertos y tal es el éxito del triunfo de nuestras armas verdaderamente asombroso y sin ejemplo en la historia de las revoluciones coloniales que en la primera solo quedan por rendirse los Destacamentos de Naie e Indang, en la segunda no existe ya ninguno, en la tercera esta localizada la resistencia de iguales fuerzas en el pueblo de San Fernando en él concentradas la mayor parte y el resto en los de Macabebes, Sesmoan y Guagua; en la cuarta en la Villa de Lipa, en la quinta en la Cabecera y Calumpit; y en las dos restantes en sus respectivas Cabeceras y próxima a estar completamente sitiada la Ciudad de Manila por las nuestras amén de las provincias de Nueva Ecija, Tarlac, Pangasinan, Union, Zambales, y algunas otras de las Islas Visayas insurreccionadas en algunos de sus pueblos, en unos casi a raíz de aquella pacificación y en otros aún antes, de suerte que puede darse por segura la independencia de nuestro territorio y reivindicada nuestra soberanía, y tomando por testigo de la rectitud de nuestras intenciones al Juez Supremo del Universo, bajo la protección de la Potente y Humanitaria Nación Norte Americana, proclamos y declaramos solemnemente en nombre y por la Autoridad de los habitantes de todas estas Islas Filipinas, que son y tienen el derecho de ser libres e independientes, que están desligadas de toda obediencia a la Corona de España, que todo lazo politico entre unos y otra, está y debe estar completamente roto y anulado y que como todos los Estados libres e independientes, tienen plena Autoridad para hacer la Guerra, concluir la paz, celebrar tratados mercantiles, contraer alianzas, reglamentar el Comercio y realizar todos demás actos y cosas que los Estados Independientes tienen el derecho de hacer, y poseídos de firme confianza en la protección de la Divina Providencia, comprometemos mutuamente para sostenimiento de esta declaración, nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro bien más sagrado que es el honor. Admitimos, aprobamos y confirmamos con las disposiciones emanadas de ellas, la Dictadura constituída por Don Emilio Aguinaldo a quien acatamos como Jefe Supremo de esta Nación que empieza ya hoy a tener vida propia, por creer haber sido el instrumento elegido por Dios, a pesar de sus humildes dotes para efectuar la redención de este desdichado pueblo, preconizada por el Doctor Don José Rizal en los versos magníficos que compuso al ser puesto en Capilla para ser fusilado, librádole del yugo dela dominación Española en castigo de la impunidad que su Gobierno dejaba de los abusos que cometían sus subordinados, y de los fusilamientos injustos de dicho Rizal y otros que fueron sacrificados para contentar a la frailocracia insaciable en s used hidrópica de venganza y de exterminio de todos los que se oponen a sus maquiavélicos fines con conculcación del Código Penal que dio para estas Islas, y de los de personas meramente sospechosas, ordenados por los Jefes de Destacamentos, a instigación de los frailes sin forma ni figura de juicio y sin auxilio spiritual de nuestra sagrada Religión, igualmente que para el mismo fin fueron ahorcados los eminentes patricios curas filipinos Doctor Don José Burgos, Don Mariano Gómez y Don Jacinto Zamora, cuya sangre inocente derramada en virtud de intriga de esas corporaciones mal llamadas religiosas que simularon la insurrección militar estallada la noche del veintiuno de enero de mil ochocientos setenta y dos en el fuerte de San Felipe de la plaza de Cavite, atribuyendo su promoción a dichos mártires para impedir el cumplimiento del Decreto-Sentencia dictado por el Consejo de Estado en el recurso contencioso Administrativo interpuesto por el Clero Secular contra las Reales Ordenes por las que se mandó entregar los curatos que poseía en este Arzobispado a los Recoletanos en cambio de los que regentaban en Mindanao que se cedían a los Jesuítas, revocándolas por completo y ordenando la devolución de aquellos curatos cuyo expediente quedó archivado en el Ministerio de Ultramar; a donde fue remitido en los últimos meses del año anterior para extender la oportuna Real Prohibición; fue la que hizo brotar el árbol de la libertad de este nuestro querido suelo, haciéndolo crecer los inicuos procedimientos empleados para oprimirnos más y más, hasta que agotada la última gota del cáliz de nuestros sufrimientos, estalló la pasada insurrección en Caloocan, se propagó en Santamesa y continuó con las inmediatas en esta provincial, donde el heroísmo sin igual de sus habitantes dio al traste con los combates del General Blanco, y contuvo a las numerosas huestes del General Polavieja por espacio de tres meses, sin los elementos de guerra de que hoy disponemos y empezando con armas propias de este país qie son el bolo, caña agusada y saeta. Además conferimos a nuestro renombrado Dictador Don Emilio Aguinaldo todas las facultades necesarias para desempeñar dibidamente su Gobierno inclusas las prerrogativas de indulto y amnistía. Y por ultimo se acordó unánimemente que esta Nación ya Independiente desde hoy, debe usar la bandera que hasta ahora sigue usando, cuya forma y colores se hallan descritos en el Adjunto dibujo con el remate que representa al natural con tres referidas armas significando el triángulo blanco como distintivo de la célebre Sociedad “Katipunan” que por medio de pacto de sangre empujó a las masas a insurreccionarse; representando las tres estrellas las tres principales Islas de este Archipiélago, Luzon, Mindanao y Panay en que estalló este movimento insurreccional; indicando el sol los agigantados pasos que han dado los hijos de este país en el camino del progreso y civilización, simbolizando los ocho rayos de aquél las ocho provincias: Manila, Cavite, Bulacan, Pampanga, Marinduque, Bataan, Laguna y Batangas, declarando en estado de guerra apenas se inició la primera insurrección; conmemorando los colores azul, rojo y blanco los de la bandera de los Estados Unidos de la América del Norte, como manifestación de nuestro profundo agradecimiento hacia esta Gran Nación por la desinteresada protección que nos presta y seguirá prestando. Y empuñando la dicha bandera la presenté a los Señores congregados: Don Segundo Aveliano, Don Tiburcio del Rosario, Don Sergio Matias, Don Agapito Zialeita, Don Glaviano Alonso, Don Mariano Legazpi, Don José Turiano Santiago y Acosta, Don Aurelio Tolentino, Don Félix Ferrey, Don Felipe Buen Camino, Don Fernando Canon Faustino (hijo), Don Anastasio Gimenez, Don Timoteo Bernali, Don Flaviano Rodriguez, Don Luciano Masancay, Don Narciso Muguya, Don Gregorio Villa, Don Luis Perez de Tayle, Don Canuto Celestino, Don Marcos Foesien, Don Martin de los Reyes, Don Ciriaco Bansa, Don Manuel Santos, Don Mariano Toribio, Don Gabriel Reyes, Don Hugo Lim, Don Emiliano Lim, Don Fausto Tisono, Don Rosendo Simon, Don Leon Tanyangues, Don Gregorio Bonifacio, Don Manuel Salafranca, Don Simon Villareal, Don Calixto Lara, Don Beneventura Toribio, Don Zacarias Fajardo, Don Florencio Manulo, Don Ramon Ganas, Don Marcelino Gomez, Don Valentin Polintan, Don Felix Polintan, Don Evaristo Dimulantu, Don Gregorio Alvarez, Don Sabas de Guzman, Don Esteban Francisco, Don Guido Yap-tinchay, Don Sillariano Rianzares Bautista, Don Francisco Arumbulo, Don Antonio Gonzalez, Don Juan Arevalo, Don Ramon Delfino, Don Honorio Tiengea, Don Francisco del Rosario, Don Epifanio Saguil, Don Ladislao Afable Jose, Don Sixto Rolian, Don Luis de Lara, Don Marcelo Basa, Don Jose Medina, Don Epifanio Ciriaia, Don Pastor Lopez de Leon, Don Mariano de los Santos, Don Santiago Garcia, Don Claudio Tria Tirona, Don Estanislao Tria Tirona, Don Daniel Tria Tirona, Don Andrés Tria Tirona, Don Carlos Tria Tirona, Don Sulpicio P. Antony, Don Epitasio Asuncion, Don Catalino Ramon, Don Juan Bordador, Don José del Rosario, Don Riverso Pulido, Don José Maria del Rosario, Don Ramon Magcanes, Don Antonio Calingo, Don Pedro Mendiola, Don Estanislao Calingo, Don Numercano Castilla, Don Federico Toma Cruz, Don Teodoro Yates, Don Ladislao Dina, los cuales juraron solemnemente reconocerla y defenderla hasta la última gota de nuestra sangre. Por esto lo cual extiendo la presente Acta que forman conmigo los concurrentes en este acto como asi mismo el único extranjero Subdito Norteameriacano Mr. L. M. Johnson Coronel de Artilleria que asistió a el mismo de que certifica.

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